Dejar ir todo aquello que nos mantiene atados,
soltar la prisa, trascender el ego.
Mirar hacia el interior,
escuchar el ritmo de nuestros pasos,
contemplar.
Limpiar constantemente nuestra mente,
dejar que se vacíe de todo lo que la bloquea,
disponer ese espacio para que en el entre la luz.
Alimentar al cuerpo de danza
al alma de música.
Saber que todo es impermanente,
que todo muta,
que la única y verdadera constante que tenemos,
es el cambio.
Dejar que la belleza inunde cada uno de nuestros poros,
caminar descalzos sobre la tierra,
con la tierra.
Ser conscientes de que uno es todo
y el todo es uno.