Espacios prácticos,
cajones a rellenar para el flujo infinito de los hombres sombra.
Cajones apenas
rescatados por el diseño de sus fachadas efímeras,
que se pierden en los
vaivenes comerciales.
Espacios sin afán de eternidad, sin raíces, sin afectos; puro juego escenográfico. Desiertos de asfalto marcados con líneas para hospedar coches, nunca gratuitos. Olvidando el andar y estableciendo rumbos definitivos, monótonos, sin horizonte alguno más que el shopping.
Espacios donde se compra pero no se vive. Donde pagas para ser.