La mente sólo recuerda el sabor del cansancio, de las gotas de sudor, de las palabras rotas. No hay nadie ni nada que sea indispensable, nos hemos convencido de que todo es efímero, y aún así, no dejamos ir.
Sentimos lo que queremos pero más, lo que no queremos. Vemos poco, escuchamos nada, dormimos con la mente despierta y el cuerpo lleno de palabras.
Somos, creemos, pero no somos lo que creemos ni creemos lo que somos. Vivimos de contradicciones, nos alimentamos de ellas.
Sentimos lo que queremos pero más, lo que no queremos. Vemos poco, escuchamos nada, dormimos con la mente despierta y el cuerpo lleno de palabras.
Somos, creemos, pero no somos lo que creemos ni creemos lo que somos. Vivimos de contradicciones, nos alimentamos de ellas.