Se inunda mi mente de pensamientos ajenos. Se hunden mis pies con zapatos que no son míos, son tuyos.
Guardo lo bueno con miedo de que otra vez dejes la llave abierta, y corra el agua que nos embriaga, la que lo convierte todo en imágenes borrosas, conversaciones vacías.
Flotan ideas, difícil reconocer si son mías, tuyas o de ellos. Más díficil saber cuantos segundos le robamos al tiempo en este estado; ni felices, ni infelices.
Contamos cuentos de lo que fue, de lo poco que conseguimos, pero seguimos atados a lo que nunca sucedió, a lo que nunca fuimos ni hemos sido.